¿Por qué regenerar?

Durante décadas, la sostenibilidad ha ayudado a empresas, gobiernos y a la sociedad a reconocer límites, reducir impactos e incorporar responsabilidades ambientales y sociales al desarrollo. Ese avance sigue siendo indispensable. Sin embargo, la complejidad de los desafíos contemporáneos demuestra que, en muchos territorios, hacer menos daño ya no es suficiente.

 

El cambio climático, las desigualdades persistentes, la pérdida de biodiversidad, el debilitamiento de las economías locales, la erosión cultural y la baja participación de las comunidades en las decisiones que afectan sus vidas no son problemas aislados. Son partes de sistemas en los que ambiente, economía, cultura, instituciones y relaciones sociales se influyen continuamente.

 

Por eso necesitamos regenerar.

 

Para el Instituto Aupaba, regenerar significa crear las condiciones para reconstruir y fortalecer conexiones: entre personas y territorios, naturaleza y economía, desarrollo y justicia, instituciones y comunidades, conocimiento científico y saberes ancestrales, historia y futuro.

 

Esta perspectiva exige comprender el lugar antes de intervenir en él.

 

Los territorios no comienzan cuando llega un proyecto. Llevan consigo memoria, cultura, conocimientos, formas de organización y capacidades construidas a lo largo de generaciones. También pueden cargar desigualdades, borramientos, exclusiones y relaciones de poder que ayudan a explicar muchos de los desafíos actuales.

 

Reconocer esta historia no significa encerrar a las comunidades en sus vulnerabilidades. Significa comprender mejor la realidad para no reproducir, bajo nuevas formas, las mismas relaciones que generaron determinados problemas.

 

Del mismo modo, la ancestralidad no es únicamente patrimonio simbólico. Los saberes tradicionales, las formas de cooperación, los conocimientos sobre la naturaleza, las prácticas culturales y los modos de organización forman parte de la inteligencia de un territorio y pueden contribuir a la construcción de soluciones contemporáneas.

 

Esta lectura orienta, por ejemplo, Regenerando Territórios – Pará, desarrollado a partir del diálogo con comunidades tradicionales, especialistas, emprendedores, gestores e instituciones de la Amazonía.

 

Regenerar también significa situar la justicia en el centro del desarrollo.

 

Una actividad económica puede crecer sin distribuir oportunidades. Un destino turístico puede recibir más visitantes sin mejorar proporcionalmente la vida de sus habitantes. Una organización puede cumplir plenamente sus obligaciones legales y, aun así, mantener poca conexión con el territorio sobre el que influye.

 

Los derechos, la legislación y las políticas públicas son fundamentales e insustituibles. Pero la confianza, el sentido de pertenencia, la cooperación, el reconocimiento y la empatía no se producen únicamente mediante normas. También dependen de la calidad de las relaciones que se construyen entre personas, comunidades, empresas e instituciones.

 

Por eso, la regeneración incorpora una ética del cuidado y de la corresponsabilidad: comprender las interdependencias, reconocer las consecuencias de las decisiones y asumir responsabilidad por la manera en que se producen el desarrollo y el impacto.

 

Esta perspectiva dialoga con la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, que reconocen la interdependencia entre desarrollo económico, reducción de las desigualdades, protección ambiental, instituciones y alianzas. Para Aupaba, sin embargo, los compromisos globales necesitan encontrarse con la realidad específica de cada territorio.

 

Es precisamente en ese encuentro entre principios y realidad donde la regeneración deja de ser discurso y pasa a exigir capacidad de implementación.

 

Empresas, fundaciones, gobiernos e instituciones movilizan recursos, empleos, conocimiento, infraestructura y cadenas productivas. Sus decisiones producen efectos concretos sobre los lugares donde actúan. Los compromisos con ESG, sostenibilidad, responsabilidad social e impacto adquieren consistencia cuando se transforman en proyectos relevantes para el territorio, que pueden ser monitoreados y que son capaces de producir resultados.

 

El Instituto Aupaba actúa en ese paso de la intención a la práctica.

 

Nuestra experiencia abarca investigación, diagnóstico, elaboración técnica, planificación, articulación institucional, movilización comunitaria, implementación, monitoreo, evaluación y rendición de cuentas. Proyectos como Viver Territórios demuestran cómo este enfoque puede conectar desarrollo económico, identidad, emprendimiento, turismo de base comunitaria y fortalecimiento de las capacidades locales.

 

Nuestra defensa de un diseño regenerativo integrado al turismo y al desarrollo territorial parte exactamente de esta comprensión: los desafíos complejos no pueden seguir siendo enfrentados mediante soluciones fragmentadas.

 

Regenerar es reconocer aquello que necesita transformarse, valorar las capacidades que ya existen y construir, junto con los actores del territorio, condiciones para un desarrollo más justo, equilibrado y responsable.

 

Más que ejecutar un proyecto, significa contribuir a que el conocimiento, las relaciones y la capacidad de acción permanezcan después de que termine su implementación formal.

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